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La pobreza de la palabra. “Un político pobre es un pobre político”.

  • Foto del escritor: MrMORAMx
    MrMORAMx
  • 13 abr
  • 2 min de lectura


La pobreza de la palabra


“Un político pobre es un pobre político”, sentenció Carlos Hank González, figura emblemática de una de las familias más influyentes y acaudaladas del país. Una frase que, con el paso del tiempo, no ha perdido vigencia… pero sí ha cambiado de significado.


Hoy no se trata necesariamente de la riqueza material —aunque las precampañas y campañas siguen convirtiéndose en competencias de músculo financiero—, sino de algo mucho más escaso: la riqueza de la palabra.


Sí, la palabra.


En una época donde dar la mano y sostener la mirada al cerrar un acuerdo debería ser sinónimo de compromiso, la realidad política ha devaluado ese gesto. La palabra empeñada ha sido sustituida por la conveniencia inmediata. Abundan los políticos que dicen “sí” a todo, que firman acuerdos que nunca cumplen, que prometen espacios que después regatean, y que incluso disfrutan ver a ciudadanos y medios suplicando por aquello que ya habían pactado.


La palabra, que debería ser un activo, hoy es moneda corriente… pero sin valor.


Porque un político que no cumple, que miente o que evade, no solo traiciona acuerdos: erosiona la confianza pública. Y eso, en política, es una forma de pobreza mucho más grave que cualquier carencia económica.


Un político pobre de palabra será, inevitablemente, un pobre político.


Cuando inicien las campañas, más allá de los discursos ensayados y las sonrisas calculadas, habrá que observar con lupa esa pobreza: la de quienes han hecho de la incongruencia su sello, y del incumplimiento su costumbre.


Ahí es donde la ciudadanía y los medios tienen un papel clave. No como espectadores pasivos, sino como memoria activa. Porque la falta de palabra no debería premiarse con votos, ni justificarse con excusas.


Amigo lector:


¿Reconoce a estos políticos pobres?


¿Votaría por ellos?


¿Les creería cuando vuelvan a pedirle su confianza?


El tiempo, como siempre, pondrá a cada quien en su lugar.


Pero esta vez, convendría no olvidar.

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