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¿Y después del 8M?

  • Foto del escritor: MrMORAMx
    MrMORAMx
  • 9 mar
  • 2 Min. de lectura

Hay fechas que arden. Y el 8 de marzo es una de ellas. No es celebración, es memoria; no es tendencia, es historia viva.

¿Y después del 8M?

El Día Internacional de la Mujer volvió a teñir de morado las calles y de consignas los muros. En México y en decenas de países, miles de mujeres marcharon ejerciendo un derecho básico: el de exigir justicia, respeto, equidad y una vida libre de violencia.

Las imágenes se repiten cada año: pancartas con nombres propios, madres buscando hijas, jóvenes gritando lo que antes se susurraba. Y sí, también incomodidad. Porque el 8M no está diseñado para tranquilizar conciencias; está hecho para sacudirlas.

Pero hoy es 9 de marzo. Y la pregunta es incómoda, necesaria, inevitable: ¿qué sigue?

Si todo se queda en la marcha, en el post, en el listón morado en la solapa, habremos convertido una exigencia estructural en un evento de calendario. El verdadero desafío comienza cuando baja el volumen de los altavoces y sube el ruido de la rutina. Ahí, en lo cotidiano, se decide si el 8M fue catarsis o punto de inflexión.

Lo que sigue no es sencillo ni inmediato. Implica trabajo conjunto. Hombres y mujeres entendiendo que la igualdad no es concesión, es derecho. Implica gobiernos —en sus tres niveles— que pasen del discurso a la política pública medible, evaluable y transparente. Implica presupuestos con perspectiva de género que no sean adorno contable, sino herramienta de transformación.

También exige autocrítica social. Porque la violencia no nace en el vacío; germina en culturas que normalizan chistes, silencios y complicidades. La equidad no se decreta: se practica en la casa, en la escuela, en la oficina y en el espacio público.

El 9 de marzo debería ser el inicio de una fase menos visible pero más profunda. Menos consigna y más estrategia. Menos polarización y más corresponsabilidad. Porque reducir el debate a una guerra de géneros es intelectualmente perezoso y políticamente estéril. La igualdad no es un juego de suma cero; cuando una mujer avanza, la sociedad entera se fortalece.

El 8M nos recuerda la deuda histórica. El 9 de marzo nos confronta con la responsabilidad presente.

La pregunta no es solo qué sigue para ellas. Es qué sigue para todos. Y la respuesta no se grita una vez al año: se construye todos los días, con decisiones pequeñas y políticas grandes, con coherencia entre lo que se exige en la calle y lo que se practica en casa.

Las fechas importan. Pero más importa lo que hacemos cuando la fecha ya pasó.

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